
Las autoridades sanitarias internacionales han realizado operativos coordinados tras la confirmación de un brote mortal en un crucero que quedó varado en Cabo Verde
Un brote mortal de hantavirus a bordo del crucero holandés MV Hondius, que permanece frente a las costas de Cabo Verde con cerca de 150 personas, encendió alertas sanitarias internacionales tras la detección de una cepa con transmisión entre personas, un fenómeno inusual para este tipo de virus.
La situación —con al menos tres pasajeros fallecidos y varios casos graves y un rastreo global— derivó en un operativo coordinado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), mientras distintos países analizan los contagios. En ese proceso, estudios realizados en Sudáfrica y Suiza identificaron un dato clave: la presencia del virus de los Andes (Andes orthohantavirus, ANDV), la única cepa con evidencia sostenida de transmisión interhumana, aunque limitada a contextos muy específicos de contacto estrecho.
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El hantavirus tiene un factor común en todas sus cepas: integra un grupo de virus transmitidos principalmente por roedores. En la mayoría de los casos, la infección en humanos se produce al inhalar partículas contaminadas provenientes de su orina, saliva o excrementos, lo que explica que los brotes históricos estén asociados a exposiciones ambientales más que a cadenas de contagio entre personas.
El brote de hantavirus en el crucero MV Hondius frente a Cabo Verde alerta sobre la transmisión entre personas. (AFP)
Desde principios de la década de 1990, cuando se identificó un nuevo síndrome causado por virus del género Orthohantavirus, se han detectado más de 80 genotipos en todo el mundo. En América se han identificado más de 30, aunque el Comité Internacional de Taxonomía de Virus (ICTV) reconoce oficialmente 11 como especies virales. Esta diversidad explica por qué el comportamiento del virus puede variar según la región y la cepa involucrada.
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En el continente americano, varias de estas variantes están asociadas al síndrome pulmonar por hantavirus (SPH), una forma grave de la enfermedad con tasas de mortalidad que pueden superar el 30% en determinados brotes. Entre las más relevantes se encuentran el virus Andes —presente en Argentina y Chile—, otro aún sin nombrar en Estados Unidos, el Laguna Negra en Paraguay y Bolivia, y el Juquitiba en Brasil.
La diferencia entre ellas no es solo geográfica. Mientras la mayoría no presenta transmisión entre humanos, el virus de los Andes sí ha demostrado esa capacidad en condiciones específicas de contacto estrecho y prolongado. En Europa y Asia, en cambio, predominan cepas como Puumala o Hantaan, vinculadas a la fiebre hemorrágica con síndrome renal, una manifestación clínica distinta.
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El caso del MV Hondius
El brote a bordo del MV Hondius evolucionó en pocos días de un cuadro aislado a una emergencia sanitaria contenida. Tras los primeros síntomas detectados en plena travesía, comenzaron a aparecer nuevos casos compatibles, seguidos por un rápido deterioro en algunos pasajeros que derivó en las primeras muertes.
Las autoridades sanitarias mantienen el MV Hondius aislado como cuarentena flotante, tras al menos tres fallecimientos por hantavirus.
El arribo a Cabo Verde marcó un punto de inflexión: ante el riesgo epidemiológico, las autoridades impidieron el desembarco y el buque quedó operando como una cuarentena flotante. Desde entonces, los pasajeros permanecen aislados y bajo vigilancia médica constante, mientras se coordinan evacuaciones puntuales para los casos más graves.
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Los traslados a centros médicos en Sudáfrica y Europa, junto con la detección de un caso en Suiza correspondiente a un pasajero que había descendido previamente, permitieron avanzar en la confirmación diagnóstica. Todos los análisis convergieron en el mismo resultado: la presencia del virus de los Andes.
Este dato resultó determinante. No solo orientó el origen del brote hacia el tramo sudamericano del itinerario, sino que también redefinió la evaluación del riesgo dentro del barco. En un entorno cerrado, con convivencia prolongada, la combinación de proximidad física y una cepa con capacidad —aunque limitada— de transmisión entre personas obliga a extremar las medidas de control.
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El aislamiento estricto y el monitoreo clínico permanente en el MV Hondius buscan evitar la propagación masiva del hantavirus entre los pasajeros.
Aun así, los especialistas subrayan que este tipo de contagio no es la norma. Incluso en el caso del virus Andes, los episodios documentados de transmisión interhumana han sido acotados y vinculados a situaciones muy específicas, lo que reduce la probabilidad de una propagación masiva a bordo.
Riesgo y medidas sanitarias
La Organización Mundial de la Salud mantiene la evaluación de riesgo global en niveles bajos. Esta conclusión se apoya en el comportamiento conocido del hantavirus: su transmisión entre humanos es excepcional y, cuando ocurre, no suele sostenerse en cadenas amplias.
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Las medidas implementadas en el MV Hondius buscan precisamente limitar ese margen de excepción. El aislamiento estricto, el monitoreo clínico continuo y las evacuaciones controladas de pacientes críticos apuntan a reducir cualquier posibilidad de nuevos contagios.

En este contexto, la identificación de la cepa cumple un rol central. Conocer las características del virus permite ajustar las estrategias sanitarias con mayor precisión, desde la duración del aislamiento hasta los protocolos de seguimiento de contactos estrechos.
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El episodio del MV Hondius no modifica el carácter poco frecuente del hantavirus a escala global, pero sí expone cómo determinadas condiciones —movilidad internacional, espacios cerrados y contacto prolongado— pueden alterar su dinámica habitual.


