
Un F-35I de la Fuerza Aérea israelí destruyó un YAK-130 de la Fuerza Aérea del régimen sobre los cielos de la capital iraní, según indicó un comunicado militar
La guerra en Medio Oriente entró este miércoles en su quinto día con una escalada simultánea en múltiples frentes: Irán reclamó tener “control total” del estratégico estrecho de Ormuz y advirtió que cualquier buque que intente cruzarlo arriesga ser alcanzado por misiles o drones, mientras el ejército israelí lanzó una nueva oleada de ataques sobre Teherán —impactando docenas de objetivos, incluidos centros de comando de seguridad— y derribó un caza iraní sobre la capital. En paralelo, tropas israelíes ingresaron a la localidad libanesa de Khiam en una incursión terrestre contra Hezbollah, y los bombardeos en el Líbano dejaron al menos 11 muertos.
En el frente económico y marítimo, la crisis golpeó con fuerza: el gigante naviero chino Cosco anunció la suspensión inmediata de sus servicios hacia y desde los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Arabia Saudita, Irak y Kuwait. Arabia Saudita, por su parte, interceptó un ataque de drones contra su refinería de Ras Tanura, una de las más grandes del mundo. Los mercados financieros reflejaron el pánico: las bolsas de Dubái y Abu Dhabi reabrieron con fuertes caídas tras dos días de suspensión, y las acciones en Seúl se desplomaron más de un 12 por ciento. El petróleo subió.
En el plano diplomático, el primer ministro canadiense Mark Carney cuestionó la legalidad de los ataques israeloestadounidenses sobre Irán, señalando que “parecerían ser, prima facie, inconsistentes con el derecho internacional”. El jefe de gobierno español, Pedro Sánchez, respondió a las amenazas comerciales del presidente Donald Trump tras la negativa de Madrid a ceder sus bases para los ataques. Mientras tanto, un alto funcionario iraní, Mohammad Mokhber, descartó cualquier negociación con Washington y afirmó que Irán puede sostener la guerra “todo el tiempo que queramos”.


